Thursday, February 4, 2010

¿Cambiará Nexus One el sector de los móviles?


El 5 de enero Google lanzaba en medio de un montón de fanfarria el Nexus One, su nuevo “superteléfono”. Durante la presentación ante la prensa, los ejecutivos de Google mostraron el elegante dispositivo, basado en el sistema operativo propio Android con servicios integrados como Google Earth, una herramienta con mapas online e imágenes vía satélite. El software de Google, combinado con un veloz procesador, representa una nueva categoría de teléfonos “tan potentes como un portátil de hace tres y cuatro años”, explicaba Andy Rubin, vicepresidente de ingeniería de Google en unas declaraciones. Las especificaciones han tenido en vilo a todo el sector tecnológico, e incluyen, entre otras, tecnología de reconocimiento de voz para dictar mensajes de texto y correos electrónicos, y un interface 3D.
Aunque el lanzamiento fue rápidamente eclipsado por el sorprendente enfrentamiento del gigante con China sobre temas de censura, el intento de la empresa de reescribir las normas del sector inalámbrico no ha pasado desapercibido. Para vender el teléfono prescindiendo de los suministradores de servicios en los que se basa el tradicional modelo de ventas, Google creó su propia tienda online. El objetivo: romper con las barreras de distribución y vender el Nexus One directamente a los consumidores. A través de la tienda online de Google, los consumidores puede comprar el Nexus One libre –sin suministrador de servicios-, por 529 dólares. El Nexus One puede adquirirse por 179 dólares con un contrato de dos años con T-Mobile. Google anunciaba que en el futuro ofrecería más dispositivos a través de su tienda online.
No obstante, la luna de miel no le duró mucho. Google ha recibido una oleada de quejas de sus clientes en relación con todo lo imaginable, desde la cobertura de la red inalámbrica hasta las pantallas táctiles con las que los clientes no son capaces de escribir, baterías que no duran una recarga o las altas cuotas asociadas con las devoluciones. Estos problemas además se acentuaron por el hecho de que los clientes sólo pudieran comunicarse con la empresa a través de los foros online o el correo electrónico; no había agentes “reales” para atender a los clientes.
“Cuando una empresa es completamente virtual y luego decide vender algo físico directamente, los retos a los que se enfrenta son completamente diferentes”, afirma Sergei Netessine, profesor de Gestión de las Operaciones y la Información de Wharton. “Es realmente atractivo vender un producto sin intermediarios, pero resulta inevitable que al final el cliente acuda a ti”.
Aunque Netessine y otros expertos reconocen que el arranque del Nexus One ha sido bastante tambaleante, en su opinión la empresa podría tener éxito en el largo plazo. La gran cuestión es si Google puede modificar la economía de un sector en el que el suministrador de los servicios de telefonía móvil impone la selección de aparatos que los consumidores pueden comprar, y si los consumidores estarán dispuestos a pagar una prima por adquirir un móvil libre.
Acabando con los guardianes
“¿Va a ser el Nexus One el producto que abra el espacio de los móviles?” se pregunta Kendall Whitehouse, director de nuevos medios de comunicación de Wharton. “Google quiere librarse del control que los suministradores de telefonía tienen sobre los dispositivos móviles, y que nos lleva a un mundo en el que eliges tu teléfono y suministrador sin un contrato. “Normalmente los clientes de telefonía móvil en Estados Unidos compran un teléfono vinculado a un contrato de dos años con suministradores guardianes como Verizon Wireless, AT&T, Sprint y T-Mobile. En muchos otros países los clientes compran los móviles independientemente del suministrador de telefonía.
Google también quería más control sobre la experiencia de sus clientes, así que la empresa decidió vender su propio dispositivo e integrar fuertemente el software y hardware. HTC, una destacada empresa fabricante de móviles con sede en Taiwan, fabricaba el Nexus One en base a las especificaciones de Google. Creada en 1997, la empresa es famosa por sus innovadores diseños en los móviles y ha sido una de las primeras en adoptar el sistema operativo Android de Google. El producto supone un esfuerzo de colaboración y cada empresa tiene su logo en la parte de atrás del teléfono.
No obstante, por el momento el Nexus One funciona en Estados Unidos principalmente con las redes de T-Mobile. Se espera que Verizon Wireless apoye el Nexus One en las próximas semanas. Lo que aún no está claro es si los esfuerzos de Google realmente abrirán el mercado de los móviles, permitiendo que el Nexus One compita con el iPhone de Apple, líder en la categoría de teléfonos inteligentes. Este modelo elegido por Google ¿significará que los consumidores se centrarán más en el propio dispositivo en lugar de considerarlo como parte del paquete ofrecido por el suministrador de servicios telefónicos? ¿Estarán dispuestos a pagar 500 dólares –en lugar de 199-, por tener un móvil desvinculado al suministrador?
Gerald Faulhaber, profesor de Políticas Públicas y Empresa de Wharton, cree que es poco probable que Google pueda convencer a los consumidores para que dejen de comprar los móviles subvencionados. “Las subvenciones son atractivas para mucha gente”, señala. El profesor de Marketing de Wharton Peter Fader está de acuerdo en que los consumidores necesitarán mucho tiempo antes de cambiar su comportamiento a la hora de adquirir un móvil. “Sí, los consumidores deberían tener más variedad y elegir si quieren comprometerse firmando un contrato, pero a la mayoría de la gente parece no importarle. Reconozco el mérito de Google por ir contracorriente, pero lo que está haciendo posiblemente no logre cambiar mucho las cosas”.
David Hsu, profesor de Gestión de Wharton, sostiene que Google perdió una gran oportunidad para cambiar el sector de los móviles. El enfoque adoptado por la empresa –vender un móvil libre de manera que los consumidores puedan adquirirlo sin un contrato con el suministrador-, también ha sido empleado por fabricantes como Nokia y Palm. En opinión de Hsu, la verdadera oportunidad de Google habría sido asumir pérdidas con el Nexus One y venderlo a un precio muy bajo para que su plataforma Android ganase cuota de mercado.
Según sostiene Hsu, Google necesita que más consumidores adopten su plataforma Android. Así conseguiría que se utilizasen más sus servicios, incluyendo el Google Maps, el servicio Google Voice –que agrega múltiples números de teléfono en una sola aplicación, o YouTube-, y por tanto también se vean muchos más anuncios. “El modelo de la empresa depende de que la gente utilice el móvil. Google debería haber subvencionado masivamente el teléfono y venderlo libre por 100 dólares. Google no tiene precisamente problemas económicos”.
Algunos han especulado que Google al final podría regalar los móviles. Durante la conferencia de prensa de Google un periodista preguntaba: “¿Dónde está mi móvil patrocinado por la publicidad?”. Whitehouse señala que, aunque ese día aún está bastante lejos, es interesante reflexionar sobre cuánto tiempo tardará Google en bajar el precio para ganar así cuota de mercado.
“Encontrando chivo expiatorio”
El Nexus One de Google generó muchos comentarios antes de su presentación a principios de enero, generando unas expectativas difíciles de satisfacer. No obstante, los clientes insatisfechos con el funcionamiento del teléfono se enfrentaron a un modelo de venta al por menor poco habitual y confuso. Por ejemplo, la página de ayuda de Google insta a los consumidores a escribir un correo electrónico a la empresa para cualquier cuestión sobre pedidos, precios, devoluciones o sus cuentas. La empresa también explica a los clientes que tengan problemas con el hardware, devoluciones o reparaciones que deben contactar con HTC, e incluye los números de teléfono en su propia página. Las preguntas relacionadas con el servicio deben dirigirse a T-Mobile, que en su página de ayuda incluye una línea directa de asistencia.
Bajo el modelo de móviles subvencionados, los clientes principalmente tratan con el suministrador, el cual coordina la resolución de problemas a través de sus agentes. Pero en el caso del Nexus One, si un cliente no tiene clara la naturaleza del problema podría verse envuelto en un fuego a tres bandas.
Faulhaber cree que los clientes del Nexus One tuvieron problemas a la hora de encontrar un “chivo expiatorio” si tenían un problema. “¿Qué ocurre si el teléfono deja de funcionar? ¿A quién vas a reclamar?” pregunta Faulhaber. “Normalmente es el suministrador el que se hace cargo de todo. Cualquiera puede comprar su propio descodificador, pero hay un motivo por el que la mayoría de la gente simplemente acepta lo que la empresa telefónica le ofrece: servicio”.
A algunos clientes también les molestó la tasa de “recuperación del equipo” del Nexus One. Google cobra a los consumidores 350 dólares si devuelven el Nexus One en los primeros 120 días. La tasa es adicional a la comisión por cese de contrato que el cliente pagaría al suministrador. Según Google, la tasa de recuperación del equipo “no es una multa, sino para cubrir los daños y perjuicios soportados por Google como consecuencia de la cancelación”.
Según la profesora de Derecho y Ética Empresarial de Wharton Andrea Matwyshyn, el fracaso de Google a la hora de proporcionar un buen servicio a sus clientes podría dañar el buen nombre que la empresa se ha ganado en los últimos años. “Tal vez Google no pensó en los posible efectos negativos sobre su buen nombre cuando decidió vender directamente los móviles”, explica. “Me sorprende que se estén introduciendo en el sector de este modo”.
Hsu añade que la logística asociada al comercio al por menor cae fuera de las competencias de Google. “Apple trabaja todos los detalles, pero Google no tiene sus múltiples puntos de contacto con los clientes. Parece ser que Google ha infravalorado el comercio minorista, la logística y los servicios al cliente” necesarios en semejante operación.
En opinión de Netessine, Google está cometiendo muchos de los errores de los suministradores de Internet de los 90, esto es, intentar prestar apoyo a sus clientes a través del correo electrónico. No obstante, dicho enfoque rara vez funciona. Los clientes quieren asistencia telefónica. “Hay que pensar cuidadosamente en las creación del apoyo a los clientes y los costes asociados. En caso contrario es mejor que vendas a través de un intermediario”. Es demasiado pronto para determinar si Google invertirá fuertemente en la venta directa de móviles, pero Netessine señala que, si la empresa es seria, tendrá que gastar dinero en cosas como centros de recepción de llamadas y reposiciones, en especial si en el futuro ofrece más aparatos con la marca Google.
Publicidad y Android
Expertos de Wharton creen que existen muchos motivos por los que Google desea introducirse en nuevos territorios como la venta directa de móviles, arriesgándose a despertar la ira de los consumidores. No obstante, el principal motivo es potenciar el despegue de Android. “En general, Google tenía que estar algo insatisfecha con el ritmo de innovación y adopción de Android”, explica Hsu. De hecho, en un informe la empresa afirmaba que el Nexus One está diseñado para mostrar lo que puede hacer Android si Google integra su software, servicios de Internet y hardware.
Por el momento el mercado de los móviles para la publicidad, software y servicios es muy apetitoso. “Todo el mundo sabe que los teléfonos inteligentes van a ser la próxima gran plataforma”, dice Whitehouse. “En el futuro la gente navegará online principalmente a través de los móviles”.
Faulhaber está de acuerdo. “Google reconoce que el mercado de los móviles es el próximo Internet. El modelo estándar –un PC para acceder a Internet-, es un mercado maduro. Google tiene que posicionarse para el futuro. No quiere ser Microsoft, que es una empresa basada en los ordenadores”. En general, Faulhaber cree que Google ha navegado bien en las aguas del sector de los móviles. Su plataforma Android está ahora presente en un montón de dispositivos, y Verizon, T-Mobile, Sprint y AT&T tienen teléfonos inteligentes con Android o planean introducirlo en 2010. Asimismo, aunque el catálogo de aplicaciones de Google para Android –con 18.000 aplicaciones-, es inferior al de Apple –con más de 100.000 aplicaciones-, ocupa un sólido segundo puesto.
Al igual que todo lo que hace Google, la estrategia final de la empresa con los móviles descansa en la publicidad, los datos y la conexión entre consumidores y empresas, dice Eric Clemons, profesor de Gestión de las Operaciones y la Información de Wharton, el cual sostiene que el gigante de las búsquedas realmente vende acceso a los clientes. “Google lee mis textos y sabe hasta cuándo tengo hambre. Google sabe donde estoy. Sabe que a mi amigo, con el que intercambio textos, le gusta la comida thai. Voilá, aparece un texto de Google ofreciéndome un descuento en un restaurante Thai cercano a donde me encuentro”.
¿La trampa? Para lograr dicha integración, Google necesita controlar múltiples partes de la cadena de alimentación de los móviles e integrar todas esas partes sin fisuras. “Se trata de hacer que todas las piezas de Google funcionen juntas”, dice Clemons. “En un solo click se podrá acceder a las búsquedas de Google, a YouTube, a Picasa, etc. Probablemente los competidores no puedan ofrecer un acceso tan fácil”.
Asimismo, Google necesita introducirse en el sector de los móviles para prevenir que Apple adquiera ventaja en publicidad a través de los móviles. Recientemente Google anunciaba planes para adquirir la empresa de publicidad a través de los móviles AdMob por 750 millones de dólares. Apple respondía con la adquisición de Quattro Wireless, otro especialista en publicidad en los móviles. Apple no ha revelado cuánto ha pagado por Quattro Wireless, pero algunos informes sugieren un acuerdo de 275 millones de dólares.
Expertos de Wharton esperan que Google y Apple experimenten con diferentes formatos de publicidad para los móviles. “La publicidad en los móviles tendrá que ser creativa”, dice Fader. “No serán simplemente banners. El otro extremo –que tu móvil te avise en cuanto pasas cerca de un Starbucks-, tampoco funcionará. Lo que funcionará será un enfoque totalmente nuevo e inteligente”.
Google: ¿Amigo o enemigo?
¿Cómo serán las relaciones entre Google y los suministradores de servicios móviles? Algunos expertos creen que Google apostará por un mundo en que los suministradores se conviertan en los denominados "dumb pipes", es decir, meros proveedores de conectividad, mientras todos los servicios con valor añadido se ofrecen a través de servicios de internet y software.
Muy a su pesar, las dos partes aún se necesitan la una a la otra. “Google y los proveedores tienen una relación complicada”, dice Whitehouse. Por ejemplo, Google sostiene que el espectro móvil debería abrirse al uso libre. Sin embargo, los suministradores han gastado miles de millones de dólares para adquirir el espectro que ya poseen. “Google es un socio fuerte con una plataforma atractiva que es buena para los suministradores, pero uno debe preguntarse cómo va a funcionar en el largo plazo”, añade Whitehouse. No obstante, no cree que la relación entre proveedores y Google sea un juego de suma cero. “Los suministradores aún obtienen ingresos gracias a las tasas de subscripción, la publicidad y las aplicaciones. No se trata de una situación en la que “el ganador se lo lleva todo”, pero los suministradores tendrán que vigilar a Google de cerca”.
Según Faulhaber, Google y los suministradores desarrollarán dos niveles en su relación. En cuanto al producto, las dos partes cooperarán. “Todo el mundo necesita hacer negocios con Google, así pues es un amigo”, dice. Sin embargo, “en el entorno regulador Google no es un buen amigo de los suministradores. Google quiere neutralidad, dump pipes y un espectro abierto. Es necesario que Google sea vista en Washington como algo peligroso para los suministradores”.
Matwyshyn dice que es bueno que Google tenga una relación complicada con los proveedores, ya que así puede innovar y presionar al sector para que se abra más. Al final, “veremos qué dice el mercado, pero las decisiones de Google pueden ofrecer más opciones a los consumidores”.

How Climate-Change Fanatics Corrupted Science



 
The climate scientists who covered up research and data on global warming that conflicted with their own views have given their profession a bad name. These scientists acted with something resembling religious fervor, leading to their concealing of important evidence about climate change.   
 
Quick, name the most distrusted occupations. Trial lawyers? Pretty scuzzy, as witness the disgraced John Edwards, kept from the vice presidency in 2004 by the electoral votes of Ohio. Used car dealers? Always near the bottom of the list, as witness the universal understanding of the word "clunker."
But over the last three months a new profession has moved smartly up the list and threatens to overtake all. Climate scientist.
First came the Climategate e-mails made public in November that showed how top-level climate scientists distorted research, plotted to destroy data and conspired to prevent publication of dissenting views. The British government concluded last week that the University of East Anglia's Climate Research Unit violated the nation's freedom of information act, although the violations occurred too long ago for prosecution.
Unfortunately, the cadre of climate scientists who have dominated public discussion and have controlled the IPCC have been demonstrated to be far, far less than trustworthy.
The CRU has been a major source of data for the Intergovernmental Panel on Climate Change, which for 20 years has issued alarms about supposed global warming. The e-mails conclusively establish the intellectual dishonesty of the climate scientists at the CRU and their co-conspirators.
Recently there have been even more shocking revelations. The IPCC has claimed that warming will cause the Himalayan glaciers to disappear by 2035. It turns out that that claim was based solely on a pamphlet published by the World Wildlife Federation, based on no science at all. The head of the IPCC was informed that a 1996 report said those glaciers could melt significantly by 2350, not 2035, but he let the claim stand.
As Christopher Booker writes in the Telegraph of London, "A Canadian analyst has identified more than 20 passages in the IPCC's report which cite similarly non-peer-reviews WWF or Greenpeace reports as their authority." Similarly, the Times of London reports that a claim that warming could endanger "up to 40 percent" of the Amazon rain forest came from an anti-smoking activist and had no scientific basis whatever.
"The global warming movement as we have known it is dead," writes Walter Russell Mead of the Council on Foreign Relations in The American Interest. "The movement died from two causes: bad science and bad politics."
Some decades hence, I suspect, people will look back and wonder why so many government, corporate and media elites were taken in by propaganda that was based on such shoddy and dishonest evidence. And taken in to the point that they advocated devoting trillions of dollars to a cause that was based on flagrant dishonesty and dissembling.
There was some basis for concern. If carbon dioxide emissions were the only factor affecting global climate, it is clear that increased emissions would tend to produce warmer temperatures over time. Those temperatures could create problems that rational societies would want to address.
But carbon dioxide emissions are not the only factor affecting global climate. Solar activity and water evaporation and countless other things do too. Climate scientists do not fully understand those things, and how they interact. It is rational for society to want to learn more.
Unfortunately, the cadre of climate scientists who have dominated public discussion and have controlled the IPCC have been demonstrated to be far, far less than trustworthy. Like the theorists who invented epicycles to explain away the failure of Ptolemaic theory to account for astronomical observations, they have distorted science in the interest of something that resembles religious dogma.
The secular religion of global warming has all the elements of a religious faith: original sin (we are polluting the planet), ritual (separate your waste for recycling), redemption (renounce economic growth) and the sale of indulgences (carbon offsets). We are told that we must have faith (all argument must end, as Al Gore likes to say) and must persecute heretics (global warming skeptics are like Holocaust deniers, we are told).
People in the grip of such a religious frenzy evidently feel justified in lying, concealing good evidence and plucking bad evidence from whatever flimsy source may be at hand.
The rest of us, and judging from polls that includes most of the American people, are free to follow a more rational path. In his State of the Union address, Barack Obama alluded to "the overwhelming evidence on climate change." But he felt obliged to add, "even if you doubt the evidence" -- an admission that the evidence is less than overwhelming. On a par with, it seems, the claims of trial lawyers and the assurances of used car salesmen.
Michael Barone is a resident scholar at AEI.
Photo Credit: davipt/Flickr/Creative Commons

La razón por qué a Washington le importan países como Haití y Honduras



Por Mark Weisbrot 

Este artículo fue publicado por el diario The Guardian Unlimited el 29 de enero de 2010. Si el texto a continuación aparece distorsionado, por favor pulse aquípara una versión sin errores de formato. Para ver la versión original en inglés, por favor pulse aquí. Si desea reimprimir este artículo, por favor infórmele a CEPR respondiendo a este mensaje. 

Cuando escribo sobre la política exterior de los Estados Unidos en países como Haití o Honduras, mis lectores frecuentemente me comentan que es difícil creer que estos países les importan lo suficiente al gobierno de los Estados Unidos como para intentar controlarlos o derrocar a sus gobiernos.  ¿Por qué les importaría a los responsables de política en Washington quiénes gobiernan países tan pequeños y pobres con pocos recursos naturales y mercados subdesarrollados?

Desafortunadamente sí les importa y les importa mucho.  Haití les importa lo suficiente como para derrocar al Presidente Jean-Bertrand Aristide dos veces.  La primera vez, en 1991, fue clandestina.  Nos enteramos después del hecho que los responsables del golpe fueron financiados por la CIA.  Además, Emmanuel Constant, el líder del escuadrón de la muerte más notorio en Haití - que mató a miles de los partidarios de Aristide - le contó al noticiero CBS que el también fue financiado por la CIA.

La participación de los Estados Unidos en el golpe de 2004 fue mucho más obvia.  Washington lideró la suspensión de casi toda la ayuda internacional a Haití, asegurando la eventual caída del gobierno.  El New York Times informó que al mismo tiempo que el Departamento de Estado le insistía a Aristide que llegue a un acuerdo con la oposición política (financiado por millones de dólares estadounidenses), el Instituto Internacional Republicano le decía a la oposición que se niegue.

En Honduras durante el último verano y otoño, el gobierno de los Estados Unidos hizo todo lo posible para evitar que el resto del hemisferio arme una efectiva oposición política al gobierno golpista hondureño.  Por ejemplo, bloquearon una medida dentro de la Organización de Estados Americanos que no reconocería el resultado de las elecciones celebradas bajo la dictadura.  Al mismo tiempo, el gobierno de Obama públicamente fingió estar en contra del golpe.

Desde el punto de vista de relaciones publicas, esta estrategia solo fue parcialmente exitosa.  La mayoría del público estadounidense piensa que el gobierno de Obama estaba en contra del golpe; pero al llegar noviembre del año pasado aparecieron numerosos informes y hasta críticas editoriales que Obama cedió a la presión Republicana y no hizo lo suficiente.  Pero esa era una mala interpretación de lo que sucedió en verdad: la presión Republicana simplemente cambio la estrategia mediática del gobierno, no su estrategia política.  Los que siguieron los hechos de cerca desde el comienzo entendían que la estrategia política era trabar y limitar cualquier esfuerzo para restituir al presidente democrático y al mismo tiempo fingir que el retorno a la democracia era el objetivo.

Los gobiernos de América Latina entendían esta estrategia, incluyendo el influyente Brasil.  sto es importante porque demuestra que el Departamento de Estado estaba dispuesto a pagar un gran precio político para ayudar a la derecha en Honduras.  De esta manera, el Departamento de Estado demostró a la gran mayoría de los gobiernos de Latinoamérica que su política en el hemisferio es idéntica a la del gobierno de Bush, lo que no es una conclusión muy apetecible desde el punto de vista de la diplomacia.

¿Por qué les importa tanto quien gobierna estos países pobres?  Como lo sabe cualquier buen jugador de ajedrez, los peones son importantes.  La pérdida de un par de peones al principio de un juego puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.  El gobierno de los Estados Unidos mira a estos países a través de la simple óptica del poder.  Le gustan los gobiernos que están de acuerdo con maximizar el poder de los Estados Unidos en el mundo y no aquellos gobiernos que tienen otras metas - aunque no estén necesariamente en contra de sus intereses.

Lógicamente, los aliados más confiables del gobierno de Obama en el hemisferio, aunque él mismo no es de derecha, son gobiernos derechistas como Colombia o Panamá.  Ésto resalta la continuidad de una política de control.  La victoria de la derecha en Chile la semana pasada (la primera vez que la derecha a ganado una elección en medio siglo) fue una importante victoria para el gobierno de los Estados Unidos.  La posible derrota del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva en las próximas elecciones presidenciales en Brasil significaría una victoria aún más importante para el Departamento de Estado.  A pesar  que funcionarios estadounidenses bajo las administraciones de Bush y Obama han mantenido una postura amistosa hacia Brasil, es obvio que le guardan profundo rencor a los cambios en la política exterior de Brasil, puesto que han alineado al país con otros gobiernos sociales democráticos, así como también  a sus posiciones independientes en torno al Medio Oriente, Irán y otros lugares.

De hecho, los Estados Unidos se ha entrometido en la política brasileña  recientemente. Por ejemplo, el año 2005 se organizó una conferencia para promover un cambio legal que le haría más difícil a legisladores cambiarse de partidos políticos.  Ésto habría fortalecido a la oposición al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula ya que el PT impone disciplina partidaria mientras muchos partidos opositores no lo hacen.  Esta intervención por el gobierno de los Estados Unidos sólo fue descubierta el año pasado tras una solicitud a través de la Ley de Libre Información (Freedom of Information Act) hecha en Washington.   Hay muchas más intervenciones ocurriendo ahora a lo largo del continente que aún no conocemos.  Los Estados Unidos ha estado involucrado en la política de Chile desde los 60s, mucho antes que organizaran el golpe contra la democracia chilena en 1973.

En Octubre de 1970, el Presidente Richard Nixon estaba maldiciendo al    gobierno social democrático del Presidente de Chile, Salvador Allende.  "¡Ese hijo de puta!" dijo Nixon el 15 de Octubre de 1970.  "Ese hijo de puta deAllende - lo vamos a aplastar."  Un par de semanas después explicó porqu:

"La principal preocupación con Chile es que Allende consolide su gobierno, y la imagen proyectada al mundo sea de su éxito… Si permitimos que posibles líderes en América Latina piensen que se pueden comportar  como Chile y tenerlos de ambas maneras, tendremos serios problemas…"

Esta es otra razón de porqué importan los peones.  Además, la pesadilla de Nixon se realizó un cuarto siglo después cuando países, uno tras otro, eligieron gobiernos independientes izquierdistas que Washington no quería.  Los Estados Unidos terminó "perdiendo" a la mayoría de la región.  Pero están intentando recuperarlos, un país a la vez.

Los países más pequeños, pobres y cercanos a los Estados Unidos corren el mayor riesgo.  Honduras y Haití tendrán elecciones democráticas algún día, pero sólo cuando se disminuya la influencia de Washington en sus políticas.